Pagar por la creatividad

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Un negocio de alquiler de arte que creó un mercado nuevo desde cero ofrece un modelo para la viabilidad económica del trabajo creativo.

Hace más de una década fundé una empresa, ARTIQ, bajo la entonces heterodoxa idea de pagarle a los artistas un ingreso constante por exhibir sus obras. Siempre me ha llamado la atención que a los artistas rara vez se les paga por exhibir su trabajo de la misma manera en la que pagaríamos por alquilar una película o escuchar música, o por un viaje en taxi o por una asesoría legal. A los artistas visuales con frecuencia se les ofrece visibilidad en vez de pago; es el equivalente de ofrecerle al conductor de Uber una calificación de cinco estrellas a cambio de un viaje gratis. ARTIQ no fue creada con la intención de protestar o gritar, sino de mostrar el beneficio mutuo genuino que se desprende de pagar por una colección de arte. De hecho, en 2009 cuando creé la empresa, esperaba que quizás, con suficiente apoyo e interés por parte del sector corporativo podríamos hacer del arte una carrera más viable económicamente para los artistas a través de pagos justos y visibilidad.

Tuve mucha suerte de crecer rodeado del arte y la cultura. He experimentado tanto la dificultad de lograr un ingreso constante como la satisfacción y el bienestar de hacer, consumir y relacionarme con las artes. Por lo tanto, mi misión es demostrar que la gente sí pagará por el arte y la creatividad; no porque debería, sino porque entiende que esto la beneficia a ella y a la sociedad. Para lograrlo, mi empresa no ha recibido dinero ni de los consejos de artes ni de filántropos. Ha volado con sus propias alas, sin financiación ni capital de riesgo, demostrando que una empresa creativa puede hacer el bien y ser rentable.

El concepto de ARTIQ es el beneficio mutuo, donde la creatividad es remunerada con dinero de verdad. Operamos como una agencia de artistas y trabajamos con artistas alrededor del mundo y con una clientela que incluye a bancos multinacionales, firmas tecnológicas de punta, grupos de hospitalidad y universidades. Este modelo garantiza que todas las partes interesadas ganen: El artista, el cliente, y el equipo de ARTIQ. Nuestra propuesta para los artistas es simple: les pagaremos por exhibir sus obras y asumiremos el riesgo de la instalación y el seguro. Solamente en los últimos tres años le hemos pagado casi 6 millones de dólares a los artistas, los creativos y los artesanos. El cliente gana porque puede exhibir una colección de arte que refleja y representa sus valores, sus mensajes y sus emblemas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG por sus siglas en Inglés); puede apoyar a la economía local, y puede relacionarse con sus accionistas, sus clientes, su equipo y demás partes interesadas. El equipo de ARTIQ genera utilidades a través de un modelo cuyo propósito está ubicado en la columna vertebral.

 Mi misión es demostrar que la gente sí pagará por el arte y la creatividad; no porque debería, sino porque entiende que esto la beneficia a ella y a la sociedad

Nuestro equipo se siente apasionado por hacer que las artes se conviertan en una industria más equitativa e incluyente. Si más empresas del arte no empiezan a enfocarse en la representación, y más críticamente, en pagar adecuadamente, las artes podrían desvanecerse hacia la obsolescencia. En ARTIQ el 40% de los artistas que representamos se identifican como LGBTIQ+ o son artistas de color, y nuestros programas de pasantías remuneradas y experiencia laboral para jóvenes en edad escolar han motivado a candidatos de bajos recursos o provenientes de contextos diversos. Nuestro deseo de apoyar y entrenar al equipo desde dentro implica que aquellos que se acercan a nuestra empresa con una actitud emprendedora tendrán éxito. Históricamente, la mayoría de nuestros pasantes han hecho la transición hacia cargos de tiempo completo y mi antigua asistente personal ahora dirige la junta directiva y es directora de operaciones.

Para lograr ser autosuficientes desde el principio tuvimos que atravesar dos obstáculos principales. El primero fue entrar en un mercado nuevo: el 98% de nuestros clientes no habían arrendado arte nunca antes. El segundo fue construir y mantener el impulso del proyecto: arrendar colecciones de arte a una fracción del precio de venta exige volumen para poder ser económicamente sostenibles. Una vez logramos estas dos metas, nuestro siguiente gran reto fue expandir el equipo al mismo tiempo que construimos una cultura incluyente conformada por miembros ambiciosos y apasionados, motivados y dedicados a la misión de ARTIQ. Hoy en día tenemos un equipo increíble, y nos motivamos unos a otros a ser más innovadores y creativos. Por lo tanto, este año estamos implementando un sistema tecnológico para facilitar los procesos y tener más tiempo para la creatividad y la interacción humana.

La pandemia causada por el coronavirus destruyó muchas empresas del mundo del arte: artistas, trabajadores independientes y creativos pasaron desapercibidos por el apoyo estatal. Sin embargo, nuestro apoyo no cesó. Creo que fuimos capaces de atravesar la pandemia por tres motivos. En primer lugar, vigilamos celosamente el flujo de caja, aprovechamos el apoyo estatal y, crucialmente, enfocamos los esfuerzos del equipo en los proyectos que ya nos habían pagado. Las PYMEs en todo el mundo luchan con los clientes que se demoran en cancelar las facturas, así que concentramos toda nuestra energía en aquellos clientes que valoraban nuestro servicio. En segundo lugar, seguimos encarnando nuestra comunicación honesta y franca con todas las partes interesadas. No endulzamos las cosas ni consentimos el drama innecesario. Creo que esto construyó un sentido de pertenencia, confianza y amabilidad. En tercer lugar, le dimos consuelo a nuestros clientes. El arte y la cultura rompieron la monotonía de la pandemia. Les dimos momentos de creatividad e interacción humana a través de la creación de un programa de clases, charlas de artistas y conversaciones; casi nos convertimos en consejeros artísticos. La cultura es vital, especialmente en tiempos de crisis.

Pasamos de recibir un préstamo de 10.000 libras esterlinas para nuestra startup a ser una empresa de varios millones de dólares con proyectos en 16 países, mostrándole arte a audiencias nuevas y diversas. Si bien la empresa ya tiene una década de existencia, esto es apenas el comienzo. Logramos aguantar la pandemia y salir al otro lado más fuertes y mejor conectados, confirmando una vez más la viabilidad de nuestra misión. Habremos tenido éxito en nuestra misión si pagar por el arte y la cultura se vuelve tan normal como pagar por cualquier otro servicio.

ARTIQ siempre ha confundido a la gente. No es una galería, no es una empresa de servicios. No es una empresa social o una entidad sin ánimo de lucro. Es una empresa que existe para otorgarle viabilidad económica a las artes, desde los hacedores que crean hasta el equipo que ejecuta los proyectos, y para demostrarle a los consumidores y a las empresas que la creatividad es importante y vital.

Ser una empresa tecnológicamente capaz quiere decir que podemos crecer más ampliamente en todo el mundo, y estaríamos abiertos a tener conversaciones con empresas interesadas en hacer que la cultura sea parte de la oferta que le dan a su público clave. Sobretodo, espero que colegas emprendedores e inversionistas se pongan en contacto conmigo para comparar apuntes, compartir nuestras mejores prácticas y crear el creciente coro de voces de quienes abogamos por la misión de pagar por la creatividad.

La cultura nos conecta