Cómo llegamos juntos al mismo nivel

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Una nueva clase de compañía de medios tiene la meta de pasarle el micrófono y el lapicero a un grupo más amplio de narradores al tiempo que fija los estándares de transparencia y responsabilidad.

En 2018 creamos a Level Forward, una nueva clase de compañía de medios registrada como corporación de beneficio público (PBC, por sus siglas en inglés) que cimentó nuestro compromiso con balancear los retornos de los accionistas con el bien común. Desde el principio nos hemos mantenido inquebrantables en nuestro propósito de retar los pilares del status quo, buscando el cambio a nivel de los proyectos y de los sistemas, e intentando balancear la doble creación de valor (social y económico) mientras nos esforzamos por ser una startup PBC rentable en el sector de los medios.

Nuestra misión altruista ha sido ampliar las oportunidades y el acceso a la excelencia creativa al fomentar la transformación de la equidad y la economía. Escogimos estas metas porque las oportunidades en las industrias narrativas han estado históricamente limitadas a un pequeño y exclusivo grupo, compuesto en su mayoría por hombres blancos cisgénero y con unas experiencias compartidas específicas y principalmente privilegiadas. Este ámbito tan reducido limita quién tiene el micrófono, quién empuña el lapicero, quién tiene acceso al trabajo y con frecuencia se pasan por alto a las comunidades marginadas donde son más necesarias la inspiración y la esperanza.

Hemos logrado cierto progreso. Creamos los primeros acuerdos de participación en cascada de código abierto, a través de los cuales los socios sin ánimo de lucro pueden compartir utilidades después de alcanzar el punto de equilibrio, tal como ocurrió con la película The Assistant. Incorporamos las primeras tarifas de impacto en los presupuestos de producción, apoyamos la Junta asesora de impacto del musical  Jagged Little Pill, una exhibición itinerante de la obra What The Constitution Means To Me, y talleres de narrativa para los jóvenes Apalaches inspirados en nuestra película Holler. También creamos Gun Neutral, un programa de compensación que lanzamos de la mano con la obra ganadora del Tony Oklahoma!. Ayudamos a producir los dos primeros Black Outs en Broadway, y charlas gratuitas los domingos junto con nuestros aliados en Slave Play. Desarrollamos una programación única llamada Arts Action para que las empresas mejoren su aprendizaje cultural. Hemos aprobado la realización de películas de escritores o directores debutantes, hemos creado varios portafolios multimedia y hemos ganado premios Emmy, Tony y Critic’s Picks por nuestro trabajo creativo. Y, gracias a nuestro increíble grupo de inversionistas que se alinean con nuestra misión, hemos desembolsado millones de dólares que han hecho que todo este buen trabajo sea posible, incluyendo pagos en efectivo por más de 300.000 dólares a nuestros socios sin ánimo de lucro. 

En 2019 empezamos a hacer entrenamientos para enfrentar internamente el racismo en la empresa, e iniciamos una reunión semanal de empleados blancos y una reunión mensual conjunta para atajar temas como nombrar al privilegio y el activismo performático. Trabajamos haciéndonos preguntas sobre nuestra propia identificación social: ¿Somos una institución predominantemente blanca? ¿Somos multirraciales? ¿Cómo definimos estas descripciones y cómo las definen nuestros socios? Hemos eliminado los acuerdos de no desprestigio de nuestros contratos de personal y nos hemos asegurado de que todos nuestros empleados tengan opciones de acciones en la empresa. Y, a manera de nota personal, desde la creación de la compañía determinamos que mi salario de Directora ejecutiva nunca sea mayor que cuatro veces y media el salario de un empleado promedio de tiempo completo.

Soñamos en grande al tiempo que nos quedamos cortos; cometemos errores, pero aprendemos de ellos para no repetirlos

A medida que avanzamos también hemos cometido errores, nos hemos encontrado con caminos sin salida y hemos generado consecuencias que no anticipábamos. Al crear oportunidades que no estaban disponibles anteriormente nos quedamos cortos en el apoyo que podíamos ofrecer para combatir la discriminación positiva que resultó de haber sido los primeros y a veces los únicos. Nuestro trabajo inicial en contra del racismo necesitaba más preparación de la que le dimos. Nuestros Black Outs y nuestra programación LGBTQIA+ han creado un delicado conjunto de preguntas sobre cómo discernir quién puede trabajar en espacios reservados solamente para la comunidad. Seguimos analizando las complicadas facetas de quién puede contar qué historias; y si bien ofrecemos oportunidades para salir del trauma pasado, nos ha llevado tiempo tomar conciencia sobre el privilegio necesario para lograrlo. Quizás, más profundamente, la realidad de nuestra cultura emprendedora (una startup con recursos limitados y la aspiración de convertirse en un ejemplo de lo que puede ser un lugar de trabajo nuevo) a veces puede sentirse demasiado desconectada de nuestro potencial.

Los logros y los reveses coexisten en todas las empresas y organizaciones, entre el equipo que lidera y entre los individuos, y estas difíciles duplas parecen pulular en las empresas comprometidas con el impacto social y donde las expectativas pueden agigantarse. Ni las personas ni las organizaciones son lineales, y el cambio llega a velocidad irregular, viene de todas las direcciones y toma todas las formas, y en consecuencia el trabajo puede sentirse caótico y discordante. Puede pasar que las cosas que decimos y las decisiones que tomamos no siempre estén alineadas con la constante neuroplasticidad de nuestros cerebros, la hipertrofia de nuestros corazones y las mareas culturales de nuestra sociedad. Soñamos en grande al tiempo que nos quedamos cortos; cometemos errores, pero aprendemos de ellos para no repetirlos.

Quisiera que hubiera una forma de ver y planear por adelantado para cada reverberación de causa y efecto del progreso. Level Forward vino sin planos ni mapas para orientarnos al sortear las expectativas de las personas y las comunidades que se habían sentido invisibles o silenciadas, y quienes con todo derecho nos hacían responsables, a nuestra pequeña empresa y a mí como su líder, de las aspiraciones que declaramos. Entre el avance, y el crecimiento del potencial, a veces me quedé corta y aún lo hago.

Aprende tú de mis errores cuando atravieses un territorio igual de desconocido: sobreestimar la dificultad de hacer un trabajo interseccional que cubra la cultura, el capital y la creatividad, y subestimar tus habilidades para resolver las dificultades que surgirán. Asegúrate de tener un gran sistema de apoyo instalado, contar con ayuda especializada y encontrar la manera de pedirla, especialmente cuando sea difícil hacerlo. Comparte tu tiempo con tu equipo: tendrás éxito porque conocer a sus miembros fue tu prioridad. Valora la forma como haces tu trabajo más que explicar de qué se trata. Finalmente, no tengas miedo de compartir tus errores con tus inversionistas: si tomas las decisiones correctas a la hora de conseguir el capital, estarán a tu lado cuando te caigas de la misma manera en que estarán ahí cuando tomes impulso para avanzar.

Nunca antes habían convergido las corrientes del cambio cultural y la economía de la manera como lo están haciendo hoy en día. Nuestros retos siguen siendo abundantes y continuos. Como líderes, debemos prepararnos para admitir nuestros errores, pedir disculpas y aprender de una manera tan pública como aquella que empleamos para comunicar nuestros logros. Puede ser que la forma más definitiva de lograr que todos lleguemos juntos al mismo nivel sea nuestra transparencia en esta lucha. Si estas cosas están sucediendo en tu trabajo, considera cómo compartirlas puede constituir un paso hacia adelante muy significativo.

La cultura nos conecta